
En los cortos días de invierno, no todos tenemos la voluntad de abandonar nuestro confortable lecho antes del alba para echarnos a correr cuando todavía ni siquiera han puesto las calles. Si eres un ave nocturna, de los que nunca tiene prisa por acostarse y se concentra mejor cuando el resto se ha ido a dormir, tal vez deberías ser corredor nocturno. ¿Recuerdas si en el instituto eras de los que se ponían el despertador para estudiar temprano o de los que se quedaban estudiando hasta las tantas? (¿O tal vez ninguno de los dos?). Lo de levantarse al amanecer tiene mucho fandom, pero no está hecho para todo el mundo. Correr al final de la jornada es una opción más que aceptable y, como te vamos a demostrar, tiene un montón de ventajas. No en vano cada vez se ven más corredores de noche, se está poniendo de moda, una moda que empieza por lo práctico que es. En un mundo en el que todo urge, en el que todo requiere inmediata atención, es difícil encontrar un momento –un momento un poco largo– para entrenar a gusto, sin interrupciones, sin tener que correr para llegar a algo después, sino solo correr por correr, porque nos gusta, nos relaja, porque es el momento que tenemos para ello. Correr por la noche tiene premio, o premios. He aquí 10 motivos por los que tal vez dejes de madrugar y te pases a la carrera nocturna.
1. Tu cuerpo está en su mejor momento
4. Empezarás el día con calma
Mientras que los corredores matutinos se duchan a toda prisa y a duras penas se toman luego un plátano de camino a la oficina, si corres de noche tendrás más tiempo para ti. Café en la cama, una ducha a tu ritmo y tal vez incluso desayunar leyendo el periódico. Todo un lujo del que careces cuando te levantas temprano, sobre todo si tocan tiradas largas.
5. Es más fácil de agendar
Sea lo que sea que tengas que hacer durante el día, a partir de un momento, tu tiempo es solo tuyo. Siempre puedes salir a correr a última hora del día. Si tienes niños pequeños, puedes hacerlo cuando estén dormidos. Si tu pareja también corre, os podéis turnar para que siempre se quede alguno con los niños. Es mejor entrenar a última hora del día que no hacerlo en absoluto.
6. Es más fácil entrenar en grupo
Casi todos los corredores matutinos lo hacen en solitario. Es más difícil cuadrar horarios, no todos entran a trabajar a la misma hora ni tardan lo mismo en llegar a su puesto. Por las mañanas no se suele tener ni un minuto que perder. Fíjate en los clubes de corredores, casi todos tienen sus sesiones por la tarde/noche. Así que el corredor vespertino tiene más oportunidades de socializar con otros corredores, de entrenarse con un club y de prepararse con otros que compartan los mismo objetivos, ya sean una maratón o la milla más rápida.
7. Te sentirás que vuelas
Por la noche, cuando está oscuro, es más difícil medir la velocidad en relación con los objetos a tu alrededor, por eso, la sensación que se tiene es de que vas más rápido de lo que realmente vas. Y es una sensación maravillosa. Eso sí, asegúrate de que llevas ropa reflectante y de que eres consciente de lo que te rodea.
8. La calle es tuya
9. Comerás mejor
Es de noche y acabas de correr durante 50 minutos, ¿Qué es más probable, que te engullas una pizza grasienta y unas patatas fritas o que te decantes por un plato de salmón, verduras y pan con cereales? Seguramente lo segundo, porque te apetecerá más. Acabar el día con una buena tirada te anima a comer de forma más saludable.
10. Conciliarás el sueño al instante
El ejercicio aumentará tu temperatura corporal, y eso tiene el mismo efecto que si tomaras un baño caliente. Si a eso le añades una ducha bien caliente y después una cena rica en carbohidratos no te quepa duda de que caerás redondo en cuanto tu cabeza toque la almohada. Y ya sabes lo importante que es en tu desempeño, y en tu salud, un sueño reparador.