¿Por qué recupero el peso después de hacer dieta?

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Si alguna vez has hecho dieta o conoces a alguien que se haya propuesto cambiar su alimentación para bajar de peso, seguro que sabrás que uno de los retos más difíciles es mantener el peso objetivo alcanzado. Es muy común, que no solamente se recupere el peso perdido sino que además se gane algún quilo de más. Es lo que se conoce como el efecto rebote, tan famoso y tan temido a ala hora de hacer una dieta para bajar de peso. Pero alguna vez te has preguntado… ¿por qué recuperas el peso después de hacer dieta?

La obesidad como enfermedad multifactorial

La obesidad es una enfermedad de origen multifactorial, que en estos momentos es uno de los problemas de salud más importantes a nivel mundial, con una prevalencia estimada de 500 millones de personas en todo el mundo. La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar diferentes comorbilidades como hipertensión, dislipemias, enfermedades coronarias, diabetes tipo 2, infarto o cáncer, suponiendo también un descenso en la calidad de vida y un acortamiento de la esperanza de vida. Por tanto, parece muy necesario plantear estrategias para prevenirla (en primer lugar) y para lograr una pérdida de peso y sus enfermedades asociadas. En este sentido la estrategia más utilizada es una dieta de restricción calórica.

¿La falta de adherencia a la dieta es la culpable de que recuperemos el peso perdido?

A pesar de que muchas dietas restrictivas resultan en una pérdida de peso a corto plazo, la mayoría de las personas que las siguen no suelen tener éxito en mantener esa pérdida de peso en el tiempo. Muchas veces, tendemos a creer que esa ganancia del peso perdido se debe a la falta de adherencia de la persona a unos hábitos saludables (de alimentación y de actividad física) o una baja fuerza de voluntad para mantenerlos.

Es decir, se tiende a culpabilizar a la persona del fracaso en el mantenimiento del peso perdido. En realidad, es posible que eso pueda ocurrir. En este caso, primero deberíamos valorar cómo se consiguió la pérdida de peso. Sin embargo, además de los hábitos alimentarios, no podemos obviar que hay una multitud de hormonas, péptidos y nutrientes que están implicados en la regulación del peso corporal. Muchas de estas hormonas y péptidos se alteran durante la pérdida de peso.

Cambios hormonales que se producen tras la pérdida de peso
Por ello, es importante entender los mecanismos que se producen en nuestro cuerpo que impiden ese mantenimiento del peso objetivo a largo plazo. A continuación, te detallamos las hormonas con influencia en el proceso de la pérdida de peso.

1. Leptina: una hormona que regula tu apetito
La leptina es una hormona producida por los adipocitos. Funciona como un regulador de la energía corporal. Cuando disminuyen los depósitos grasos, disminuye su síntesis. Esto hace que aumente el apetito. Por el contrario, al aumentar los depósitos de grasa se produce más leptina, inhibiendo así el apetito.

Durante la pérdida de peso, se ha visto que la leptina se redujo en un 64,5%. Sin embargo, incluso 1 año después de la pérdida de peso, los niveles de leptina fueron un 35,5% inferiores respecto al inicio de la pérdida de peso. Como resultado se produce una disminución de la sensación de saciedad.

2. Grelina: la hormona del hambre
La grelina se sintetiza en el estómago y su efecto es aumentar el apetito. Es conocida como la hormona del hambre. Se ha observado que los niveles de grelina aumentaron significativamente durante la pérdida de peso e incluso se mantuvieron elevados 1 año tras la pérdida de peso. Esto favorece que haya mayor sensación de hambre y por tanto una mayor ingesta calórica.

3. Neuropéptido Y: un estimulante del apetito
El neuropéptido Y se expresa en el cerebro bajo condiciones de demanda de energía y tiene un potente efecto orexigénico, es decir, estimulante del apetito. Sus niveles son significativamente inferiores durante la pérdida de peso y 1 año tras la misma. sin embargo, un año después, los niveles son significativamente más bajos que al final de la etapa de pérdida de peso.

4. Colecistoquinina: la hormona de la saciedad
La colecistoquinina se sintetiza en el intestino delgado y genera una respuesta de saciedad. Sus niveles son significativamente inferiores durante la pérdida de peso y 1 año tras la misma. Sin embargo, no hay diferencias entre el final de la pérdida de peso y 1 año después, reduciendo por tanto la sensación de saciedad.

5. GLP-1: un péptido similar al glucagón
El péptido GLP-1 se sintetiza fundamentalmente en el intestino y páncreas. Entre otras funciones, emite una señal de saciedad. Se encuentran niveles similares de GLP-1 entre el inicio y el fin de la pérdida de peso. Sin embargo, 1 año después, descendió un poco por debajo del nivel inicial.

6. Insulina: más apetito y menos masa muscular
Se ha visto una reducción en los niveles de insulina tras la pérdida de peso. Esto favorece un aumento del apetito y una reducción de la masa muscular, siendo ambas malas señales para mantener el peso perdido.

7. Hormonas tiroideas: las reguladoras de la tasa metabólica
Las hormonas tiroideas juegan un papel importante en la regulación de la tasa metabólica. Un aumento de las hormonas tiroideas circulantes se asocia con un aumento de la tasa metabólica. Contrariamente, un descenso de las hormonas tiroideas resulta en un descenso de la termogénesis y de la tasa metabólica, situación que es la que ocurre durante la pérdida de peso.

8. Testosterona: una hormona para aumentar la masa muscular
La testosterona es conocida por su función en aumentar la masa muscular, también tiene su función en regular la obesidad. Se ha sugerido que puede suprimir la adipogénesis, aunque falta evidencia científica para afirmar esto. Durante la pérdida de peso se ha visto que sus niveles están reducidos, aumentando así el riesgo de perder masa muscular. Esto resulta un en una mayor dificultad para mantener el déficit calórico.

Las adaptaciones metabólicas que provocan la recuperación el peso perdido
La restricción calórica resulta en una serie de adaptaciones metabólicas, incluyendo una reducción del gasto energético, de leptina y colecistoquinina y un aumento de la grelina. Como consecuencia, se produce también un aumento del apetito. Estas adaptaciones son las principales responsables hormonales de la recuperación (y aumento) del peso perdido durante la restricción calórica.

La cuestión está en saber si estos cambios son transitorios durante el déficit calórico y desaparecen después, o si se mantienen en el tiempo. Se ha visto que algunas hormonas permanecen alteradas hasta 1 año después de la pérdida de peso, incluso después de haber recuperado el peso perdido. Esto sugiere que la recuperación del peso perdido no es tan simple como volver a unos malos hábitos de alimentación y actividad física.

Bibliografía

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